Ahimsa en Yoga

Quizás hayas decidido apuntarte a clases de yoga para aliviar tus molestias de espalda o porque te han comentado que es un buen método para ayudarte con el estrés y la ansiedad. 

Yoga es una disciplina física muy completa, pero principalmente es una de las seis escuelas filosóficas de la India. La práctica de asana, el yoga físico, es sólo una pequeña parte más de todo lo que comprende esta visión. Es importante tener en cuenta la riqueza que engloba esta filosofía y por ello durante las próximas semanas detallaremos uno de los aspectos mas importantes como son los Yamas y los Niyamas.

Los textos antiguos como las Upanishads, los Sutras de Patanjali y el Hatha Yoga Paradipika recogen las pautas de comportamiento ético y moral que ayudarán a que la práctica sea un medio para estar al servicio de los demás y de lo que nos rodea como fin último de sintonizar con nuestra naturaleza esencia, la de ser felices.

Los Yamas ofrecen el guión de acuerdo al cual desarrollar un pensamiento y comportamiento éticos ayudándonos a establecer nuestra relación con el mundo que nos rodea. Muestran cómo cultivar una atmósfera interior de paz y de respeto. Cuando observamos las leyes universales de Yama, no sólo mejoramos nuestra vida, sino que generamos un clima positivo tanto en nuestra relación con familia y amigos, como a través de nuestras comunidades a nivel social y global. Proporcionan un contexto de acuerdo al cuál actuar de forma ética desde un lugar de verdad, amabilidad y compasión teniendo en cuenta la interconexión de todo y todos,  comprendiendo que nuestras acciones tienen una repercusión directa en los demás y nuestro entorno

Definición de Ahimsa

Son cinco leyes universales, la primera de ellas es Ahimsa y se traduce como no hacer daño o no violencia. Significa respetar la vida en todas sus manifestaciones así como aceptación y tolerancia de todas las diferencias existentes: de religión, de color de la piel, aspecto, estatus, clase social o cualquier otra diferencia. Nos animan a crear una energía pacífica en nuestro interior y en los entornos en los que interactuamos y con los que nos interrelacionamos. 

A un nivel básico puede sencillamente traducirse como ser amable, tanto hacia nosotros mismos como hacia los demás. Partiendo de que la interconexión mencionada antes es inherente en todos los casos, se ha de tener en cuenta el aspecto global de las circunstancias en las cuáles una situación específica tiene lugar. Muchos dilemas éticos se desprenden de aplicar de forma estricta el principio de no violencia (como el caso de tener que proteger a alguien atacado por un agresor); se trata de escoger la opción menos dañina y que cause un dolor menor.

De la misma manera que en la práctica de yoga vamos refinando la ejecución de asana de forma que no nos cause daño, el proceso de refinamiento en el espacio de las relaciones hacia nuestro entorno es enorme. Ahimsa se ha de aplicar de forma consciente teniendo en cuenta el gran esquema de las circunstancias , con toda la información disponible a la vista y desde ahí, tomar la decisión que se considere más adecuada desde el amor y la compasión. Cuando practicamos Ahimsa bajo  tal premisa el resto de los Niyamas se desarrollan de forma natural y precisa. 

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