Ajustes manuales en Yoga: el arte de la sutileza

Durante una clase de Yoga, los alumnos reciben indicaciones verbales del profesor que les sirven de guía para hacer las secuencias y entrar, mantener y salir de las posturas. Además, éste puede realizarlas para que los alumnos vean qué les está pidiendo que hagan. Por último, y no menos importante, puede utilizar sus manos -u otras partes de su cuerpo- para ajustarles o colocarles con más precisión. 

El ajuste con las manos durante la práctica enfatiza las indicaciones verbales que se da a los alumnos. Ayuda a profundizar en el asana, llevar la atención a una parte determinada del cuerpo e interiorizar la dirección que debe seguir. Ese contacto físico hace que la postura sea más estable, efectiva y segura. 

Para realizar los ajustes con eficacia hay que conocer la anatomía y la biomecánica del cuerpo humano, así como las características esenciales de las posturas que se van a dirigir. El profesor debe observar los cuerpos de sus alumnos: qué proporciones tienen; cómo son su columna vertebral, sus piernas, sus rodillas o sus hombros; cómo se mueven y sus particularidades porque no hay dos personas iguales. Los ajustes se han de realizar sin titubeos ni precipitación, de forma clara y precisa. No deben ser gratuitos sino tener un motivo claro que beneficie al alumno y le permita progresar. 

Es muy importante que el profesor sepa percibir el ritmo de la respiración del alumno y sea capaz de acompasar la suya propia con la de su discípulo en el momento del ajuste porque así le ayudará a hacer el movimiento en el momento preciso y la conexión entre ambos será mayor.

Estos ajustes suelen ser un motivo de duda para los profesores durante sus primeros años de enseñanza. Preguntas como ¿lo estaré haciendo bien, estaré colocando mis manos en el lugar adecuado, estaré aplicando la intensidad requerida…? surgen continuamente. Con el paso de los años, muchas de esas dudas desaparecen pero siempre debe permanecer el respeto absoluto a la intimidad física de cada alumno realizando los ajustes sin invadirla. 

Si bien es cierto que a la gran mayoría de los alumnos les gusta que les ajusten hay personas a las que no le agrada en absoluto. La tolerancia al contacto físico está determinada por muchos factores que pueden ser tanto religiosos, ideológicos o culturales, como otros más íntimos relacionados con traumas, complejos o manías. Lo que para un alumno es aceptable para otro no lo es en absoluto, de la misma manera que lo que hoy es admisible, hace unos años no lo hubiera sido o, a lo mejor, no lo es en el futuro. Para ello lo mejor es preguntar y cuando se incorpore un alumno nuevo a clase, explicarle que ajustamos y pedirle que nos diga si tiene algún inconveniente en que lo hagamos.

Los profesores de El Gong te ayudan a profundizar y avanzar en tu práctica y realizan los ajustes de forma precisa y respetuosa, cuidando siempre de tu seguridad.

¡Te esperamos!

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Por Consuelo Serrano. Profesora de Hatha Yoga. @consueloserrano_yoga  

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