Yoga y dolor o Dukkha

Cualquier actividad física que realices abre la puerta a la posibilidad de sufrir un daño. Si practicas yoga de forma habitual es probable que en algún momento experimentes dolor. 

El término sánscrito Dukkha se traduce como sufrimiento o dolor. La respuesta natural humana ante el dolor es el miedo, la evitación y la negación, pero en el contexto del yoga puede ser una forma de despertar la conciencia proporcionándonos la ocasión de indagar acerca de su naturaleza, cómo se ha producido, cómo lo puedo manejar, cuánto tiempo pude durar y cómo puedo hacer que desaparezca. 

Los dos aspectos a tener en cuenta ante la presencia de Dukkha es, por un lado, la experiencia en sí misma , aprender a verlo con claridad, por otro lado, cómo reaccionamos o respondemos ante la situación. Por supuesto depende del tipo de dolor y de su intensidad, pero la idea es que en algún momento nos demos cuenta que tenemos que aprender algo sobre el dolor, sobre nosotros mismos en relación a ese dolor, sobre cómo funciona nuestra mente y sobre la forma en la que nos comportamos en nuestra práctica o en el mundo basados en esa nueva experiencia.

El sufrimiento es una condición inevitable de la vida y cuando llega, se trata de aprender a manejarlo de la mejor forma posible. Si aprendemos a convivir con ciertos dolores o la incomodidad que a veces experimentamos durante la práctica de yoga, aprenderemos a crear un espacio entre el estímulo que provoca el dolor y la reacción de huida. Durante esa pausa se crea el escenario para decidir el curso de la acción a tomar. 

Si te haces daño haciendo algo deberías ser capaz de tratar de averiguar cómo solucionarlo. En el espacio de la práctica si sufrimos siempre del mismo tipo de dolencia (el hombro, las lumbares, la rodilla) simplemente no estamos prestando atención y por lo tanto no estamos practicando yoga. Yoga es básicamente el acto de prestar atención. 

Patanjali menciona en sus sutras que la práctica de asana debe ser confortable y el esfuerzo relajado centrándonos en el final de exhalación. Es decir, el esfuerzo se realiza sin tensión, sin ansiedad, sin estrés. A través de la respiración seremos capaces de medir nuestro esfuerzo; si simplemente eres capaz de observar tu respiración fluyendo de forma amplia y fluida serás capaz de construir una conexión con tu cuerpo que te puede ayudar a evitar la lesión.

Patanjali también nos recuerda que el dolor es una certeza en la vida (tanto el físico como el emocional). Sin necesidad de ir a buscarlo, cuando aparezca no lo molestes comprobando continuamente si sigue ahí o no. Se trata de reconocer que está ahí y de averiguar los pasos a seguir para apaciguarlo. Y una vez calmado, proporcionarle el espacio necesario que te permitirá descubrir cómo sanarlo. 

Es posible averiguar cómo paliar el dolor simplemente desacelerando y prestando atención, afianzando la conexión cuerpo – mente de forma que el cuerpo se exprese y la mente observe sin imposiciones basadas en expectativas que muchas veces tienen que ver con asuntos del ego y pocas con lo que cuerpo trata de comunicarnos.  

Tu cuerpo es tu casa. El dolor un maestro. Lo más difícil, estar dispuesto a descifrar el mensaje que trata de comunicarnos. Con práctica, es posible. 

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